lunes, 11 de febrero de 2008

Viernes 8 de febrero de 2008

Hoy mientras dedicaba algo de tiempo al estudio y la lectura me he parado a pensar cuanto tiempo hace que la Iglesia Católica participa en los asuntos de Gobierno. Y me he dado cuenta de que me tengo que remontar casi hasta los propios orígenes de dicha institución y recorrer un largo trecho de historia que pasa por hermanamientos entre poder civil y eclesiástico, enfrentamientos entre gibelinos y güelfos por dicho poder, y guerras propias de la religión para mantener su hegemonía económica, y guerras en las que en principio la religión no importaba pero la Iglesia siempre acababa metiendo la cabeza.

Con la creación de los Estados modernos parecía que la religión iba a ser, por fin. Relegada al orden de lo privado, y de esta manera dejar de tener una influencia en el devenir de la política, pero no resulto así. Muchos años más tarde, mientras se critican los regímenes “fundamentalistas” islámicos no nos damos de hasta que punto la Iglesia Católica interviene tanto en política como la religión del Corán lo hace en sus países propios.

En los últimos días esto está quedando más patente, sobre todo viendo las manifestaciones que se promueven desde la iglesia, o incluso esa “petición de voto” por parte de los obispos que tanto ha molestado a Zapatero. Pero esta intromisión no es nueva. En España estamos acostumbrados a que la Iglesia Católica se pronuncie sobre cientos de asuntos políticos. Y no solo por parte del Episcopado español, si no por parte de los sucesivos Papas, que actúan como profetas todavía hoy. Esa sea, tal vez, la mayor diferencia entre el catolicismo y el Corán, que los católicos todavía tienen profeta, para dar interpretaciones en función de lo que más interese.

Si realmente la política pertenece a la esfera de lo público, y la religión a la esfera de lo privado, no se entiendo por qué la Iglesia Católica sigue manteniendo ese poder político. España parecía reconocerlo así cuando en su Constitución se declaraba como “Estado laico aconfesional”. Pero la realidad es totalmente distinta. Un verdadero Estado laico y aconfesional sería aquel en el que en ningún momento ninguna religión sería beneficiaria del Estado, dejando de este modo que todo asunto relacionado con la fe estuviera exclusivamente ligado con el ámbito privado de la persona y consiguiendo así una autentica libertad de culto en la que la elección del tipo de religión a seguir sea solo una cuestión personal o, en cualquier caso, fruto de la educación familiar, pero de ningún modo favorecida por el Estado. Y en España esto no es así.

El Estado español ha favorecido descaradamente a la Iglesia Católica y parece que seguirá siendo así por mucho que Zapatero anuncie cambios en su trato con la Iglesia[1].
De momento hay que señalar que el Gobierno de este apologeta del laicismo es el que mas financiación económica ha dado a esta institución. Más, incluso, que el Gobierno de Jose Maria Aznar. Mientras que éste, en el año 2000, financió la Iglesia con 128,1 millones de Euros, Zapatero dio, en el 2006, 144,24 millones de Euros y una reciente revisión a la alza del porcentaje del IRPF entregado por el Gobierno. Si a todo esto le sumamos que, “según el Ministerio de Hacienda la conferencia Episcopal y la Iglesia perciben 150 millones de euros de la dotación de IRPF; 3.200 millones de euros en subvenciones a colegios concertados; 517 millones para sueldos de profesor de religión; 90 millones a organizaciones sociales; 60 millones a hospitales e instituciones de beneficencia; 30 millones a capellanías castrenses en cárceles y cuarteles; 200 millones para el patrimonio inmobiliario y artístico; 60 millones para otras actuaciones en el ámbito urbano. A esto hay que añadir unos 750 millones de euros de ahorro por desembolsos fiscales no realizados. Tenemos que la Iglesia Católica percibe anualmente una suma que ronda los 5000 millones de euros.”[2]

Parece claro, entonces, que, en primer lugar, la Iglesia debiendo pertenecer al ámbito de lo privado sigue siendo costeada con fondos destinados a gasto público; que, esto mismo, hace que la Iglesia Católica salga beneficiada frente a otro tipo de religiones, llevando a contradicción eso de que estamos en un estado laico y aconfesional; que, esa misma Iglesia, sigue usando su influencia para interferir en la vida política según sus propios intereses; y que todo enfrentamiento entre el actual gobierno y dicha institución no es más que un paripé y un circo mediático para que cada uno de los implicados se refuerce de cara a sus seguidores.
[1] http://www.elimparcial.es/contenido/2813.html
[2] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62946
Jueves 7 de febrero de 2008.

Hoy voy a empezar sin tapujos. Y lo voy a hacer de la mano de unas declaraciones del responsable de economía y empleo del PP Arias Cañete, en las que declaraba que “La mano de obra inmigrante no es cualificada. Ya no hay camareros como los de antes.”[1]
En primer lugar, me pregunto si cuando se dice “la mano de obra inmigrante”, el señor Arias Cañete se refiere a la mano de obra inmigrante en general, es decir, a la de todos aquellos que por necesidad salen de su país, dejando en él a su familia y su historia, entre los cuales estuvieron, no hace mucho cientos de españoles, o se refiere a la mano de obra inmigrante que se está dando ahora concretamente en España. Todo hace pensar que, obviamente, no se refiere a la primera, si no más bien a la segunda.

Todavía me aborda otra duda. Cuando Arias Cañete se refiere a esa mano de obra inmigrante que se esta dando aquí y ahora en España, ¿se refiere a todos los inmigrantes que desempeñan un puesto de trabajo en España? Me da en la nariz que la respuesta es no. Y no por aquello de que no se puede generalizar, si no porque Arias Cañete se refiere a una inmigración muy concreta que ocupa unos puestos muy específicos.

Arias Cañete no se refería en su afirmación a, por ejemplo, la enorme cantidad de futbolistas extranjeros que militan en equipos de fútbol españoles. No, y eso que estos señores también serían “mano de obra inmigrante”, pero una mano de obra extremadamente cualificada a tenor de los sueldos que reciben y el prestigio que poseen, prestigio que se eleva hasta tal punto que a cualquiera de los que asegura que la inmigración es un problema no le importaría que esta otra clase de inmigrantes siguiera llegando. Pero no, Arias Cañete se refiere a otro tipo de inmigrante, y por supuesto a otro tipo de empleo. No es baladí que el ejemplo que Arias Cañete tome sea el de camarero. El empleo de camarero representa, junto al de personal domestico, el paradigma de la servidumbre. El paradigma de aquellos puestos donde se genera mayor plusvalía. La plusvalía según Marx era aquello que surgía de la diferencia entre el valor de cambio que el propietario de los medios de producción daba al obrero por su fuerza de trabajo, y el valor de cambio que tenía realmente el producto realizado con dicha fuerza de trabajo. Pues bien, esta plusvalía era cuantificable en la medida en que se creaba un objeto, se obtenía un producto, pero en los trabajos del tipo como el de camarero, no se genera un producto, o más bien, el producto es un servicio en el más estricto sentido de la palabra. Se trata de un puesto en el que la voluntad se somete a la orden del cliente. La fuerza de trabajo no produce un objeto material y cuantificable y en este sentido, se hace imposible calcular la plusvalía, no porque no exista, si no porque no tiene referente. Por todo ello, este tipo de puesto tiene una connotación social y un significado específico. La de aquel trabajo en el cual al no haber propiamente producto, la fuerza de trabajo empleada es menos valorada, de modo que cualquiera puede hacerlo. Y según Arias Cañete, los inmigrantes no lo saben hacer, es decir, los inmigrantes no son “cualquiera” no entran dentro de la misma categoría que todos aquellos a los que consideramos cualquiera. Son otra cosa. “Ya no hay camareros como los de antes”, no es una apelación a la profesionalidad de los camareros, si no a que “cualquiera” pueda ser un camarero. Obviamente, Arias Cañete maneja ese concepto por el que “cualquiera” nunca podrá ser un inmigrante. Seguramente porque el piense, más por la línea de Democracia Nacional, que esa “escoria venida de tierras lejanas”[2] solo es capaz de generar violencia, delincuencia y otras cosas de ese estilo que “cualquiera” no haría.

Por otra parte y viendo como funciona el asunto en España, deberíamos pensar, más bien, que esa ineficacia de la que habla Arias Cañete no es patrimonio de la mano de obra inmigrante, si no de otro tipo de personas que demuestran su inoperancia con declaraciones de esa guisa.
[1] http://www.elpais.com “Arias Cañete cuestiona la eficacia en el trabajo de los inmigrantes. 07/02/08
[2] Cfr Sábado 19 de enero 2008

viernes, 8 de febrero de 2008

Miércoles 6 de febrero de 2008.

Y más de vivienda. Si ayer hablábamos de la compra, hoy toca el alquiler. Resulta que la subida del precio de las viviendas y la dificultad que, sobre todo los jóvenes, teníamos, y todavía tenemos, para independizarnos despertó la idea, de que la solución podría estar, como en otros países de Europa, en el alquiler. Pese a que mucha gente era reacia al alquiler opto por este como la única medida posible para poder tener un “pedacito de intimidad”. Pero el mercado, salvaje y voraz no tardo en aumentar el precio de los alquileres tanto en función de la demanda como en función de las subidas del precio del suelo. De esta forma se paso a pagar por ciertos alquileres casi la misma cuota que por ciertas hipotecas, de forma que no era de extrañar que la gente volviese a ver en la compra la mejor opción.

Los distintos gobiernos seguían pensando que el alquiler podría ser una buena solución así que dedicaron parte del suelo en el que se construía vivienda protegida a vivienda de alquiler con distintas modalidades. Ni que decir tiene, que cada vez que algún ayuntamiento saca una promoción de vivienda protegida, ya sea para compra o para alquiler, se “agotan las existencias”. El éxito, obviamente, no está en el alquiler, si no en el precio.

No hay que ser muy lumbreras para darse cuenta de que para que compense un alquiler, el precio tiene que, en primer lugar, ser asequible al bolsillo del arrendatario, y en segundo lugar estar tan por debajo de una hipoteca como para que pasado el tiempo en que se vaya a abandonar la vivienda la suma total pagada siga siendo menor que la que se habría pagado comprándola. Y ahora, siendo realista al considerar el sueldo de una persona cualquiera en un trabajo “normal”, y haciendo los cálculos pertinentes, resulta que un alquiler que reuniese esas características debería oscilar entre los 300 o 500 euros. Pues eso, quien encuentre uno así que me no dude en avisarme. Siguiendo en esta línea realista diré que me ha sido imposible encontrar un alquiler que esté por debajo de los 600 euros y de estos más bien pocos. La media del alquiler se sitúa entre los 700 y 900 euros, que obviamente es mucho más de lo que habíamos calculado.

Y en estas apareció el Gobierno de J.L.R. Zapatero y nos vende una medida, que en principio podría resultar maravillosa para los que opten por el alquiler. Es la Renta Básica de Emancipación, es algo así como una ayuda a jóvenes hasta los 30 años según la cuál recibirán 200 euros al mes para pagar el alquiler, además de otro tipo de ayudas como avales y demás. En principio puede parecer una buena idea, pero si nos ponemos a pensarla, nos damos cuenta de que es terriblemente injusta, primero porque, hemos de reconocer que no solo los jóvenes con menos de treinta años la necesitan, ¿y los de treinta y uno, o treinta y dos, o que diablos, los de cualquier edad? Y en segundo lugar, porque en realidad los beneficiarios son los de siempre, los dueños de la vivienda en alquiler, que aprovechando las circunstancias tendrán una nueva excusa para subir los alquileres, tanto a los que reciban ayuda, como a los que no.

De cualquier manera, no es de extrañar que más de mil jóvenes al día soliciten la Renta Básica de Emancipación[1], pues toda ayuda es poca, lo que me parece más casualidad es que las ayudas empiecen a entregarse en fechas tan próximas a las elecciones generales.
[1] http://www.publico.es/045173/primeras/ayudas/alquiler/jovenes/recibiran/15/dias

jueves, 7 de febrero de 2008

Martes 5 de febrero de 2008

Llevamos varios días en que se escucha por todas partes lo catastrófica que es la crisis financiera, lo mucho que están subiendo los productos más básicos de la cesta de la compra y lo difícil que está siendo para muchas familias afrontar la temida hipoteca.

El tema de la crisis es de risa, porque mientras que la mayoría de nosotros la sufrimos desde hace tiempo, para el gobierno, la oposición y la banca resulta que es algo de ahora.
Me resulta gracioso – porque no se me ocurre otra palabra- escuchar como según algunos, parece que las cosas van mal desde hace solo unos meses, cuando en realidad es algo que se estaba gestando desde hace muchísimo más tiempo. No es desde hace tres meses que las familias viven endeudadas, no es desde hace tres meses, que las familias tiene que pedir créditos al banco, y no es desde hace tres meses que muchas familias no pueden pagar las hipotecas. Hace más tiempo de eso, casi tanto tiempo como el que hace que aparecieron las empresas de créditos rápidos o las reunificadotas de pagos.

Fue el gran auge del ladrillo, la subida de la vivienda a precios desorbitados, la que dio comienzo a este ciclo, y es por tanto su “recesión” la que le pone un trágico fin. En aquel momento, viendo lo rápido que subía la vivienda mucha gente se decidió a comprar, algunos previendo un gran negocio en la especulación, otros por miedo a que subiera tanto que fuese imposible conseguir una. Sea como fuere, los que no tenían dinero pero querían adquirir una vivienda, aunque fuese a precios prohibitivos tuvieron que “hipotecar” literalmente su vida. Y digo su vida, porque mientras que en otros tiempos tenías que dedicar a lo máximo 20 o 25 para terminar de pagar un piso, ahora, y ya en aquel momento, tenías casi duplicar este periodo de tiempo. Pero ni siquiera esto echo para atrás a los valientes que, decididos a apretarse el cinturón, ponían todo su empeño en conseguir que los bancos le hicieran el favor de concederle la hipoteca. Como todos sabemos, “la banca nunca pierde” y pensando en los beneficios que podían sacarse con tantas hipotecas o en el peor de los casos el patrimonio que se ganaría al hacerse con los inmuebles caso de impago de dichas hipotecas, la banca comenzó a frotarse las manos con un período de notable crecimiento y algunos “grandes visionarios” comenzaron a abrir inmobiliarias llamados por el olor del dinero.

Pero tenía que llegar el fin, tenía que “explotar la burbuja” –como suele decirse-. Muchas hipotecas están dejando de pagarse, y son tantas que los bancos empiezan a preocuparse y dejan de conceder nuevas hipotecas, o al menos lo ponen más difícil. Esta dificultad se traslada al mercado inmobiliario, ya que sin hipoteca muy poca gente puede comprar una casa, de forma que la venta disminuye. Eso se traduce en una disminución de la demanda, no precisamente porque se deje de necesitar una vivienda, si no por su imposibilidad para acceder a ella. De forma que si no hay venta no hay negocio, o eso quieren hacernos creer cuando publican “La crisis se lleva por delante el 40% de las oficinas inmobiliarias”[1]. Sin embargo, me da la sensación de que el negocio de la especulación inmobiliaria sigue funcionando, sobre todo cuando me entero de la mega operación urbanística que se quiere hacer en Los Monegros, o de que el AVE que une Madrid con Guadalajara no parará en Guadalajara capital, sino en un pueblo que está a diez minutos en coche y en el que gente vinculada al PP tiene terreno que recalificará a muy buen precio, o que España es el país de Europa que mas viviendas tiene sin “usar”.
[1] http://www.elpais.com 05/02/08

miércoles, 6 de febrero de 2008

Lunes 4 febrero de 2008.

En el día de hoy me ha pesado bastante la actividad del fin de semana. Tanto, que casi pensaba no escribir nada continuando así con la habitual pereza que me entra los sábados y domingos. Pero he echado un vistazo rápido a los periódicos y en casi todos ellos me he encontrado con una misma noticia. En ella se recogen unas declaraciones de Manuel Pizarro, el número dos en las listas del PP al congreso, en las que afirma que “Somos el único país que paga a los terroristas”[1]. No hace falta explicar que el señor Pizarro se refería los concejales y alcaldes de ANV y PCTV y a la caja común que estos partidos tienen compartida con Batasuna.

Dejando a un lado que todavía no esta demostrado que estos partidos estén relacionados con la banda terrorista -ya que no toda la izquierda vasca es terrorista-, Pizarro demuestra con estas declaraciones lo poco que conoce de historia, de política internacional y de terrorismo. O, a lo mejor, cuál es su interpretación de qué sea terrorismo. Así como repaso rápido se me ocurre pensar, por ejemplo, en como Estados Unidos financió a la guerrilla afgana que luego se convertiría en el máximo representante del terrorismo islamista. Pero para aquellos que piensen que eso es solo historia y que hablamos de alfo pasado, pues hay más. El ejercito israelí atenta todo los días contra el pueblo palestino haciendo caso omiso de las resoluciones de la ONU. La CIA, además de haber planeado más de un magnicidio frustrado, atenta contra los derechos humanos de sus prisioneros en sus bases o en vuelos secretos que se saltan la legalidad. El ejercito estadounidense y sus aliados mantienen ocupado Irak. Las grandes empresas de ciertos países contratan a mercenarios con nombre de empresas de seguridad privada para garantizar, con extrema violencia y licencia para matar, la seguridad de sus infraestructuras. En el Congo los niños se ven envueltos en guerras financiadas por estas mismas empresas o por los mismos intereses económicos ocultos que mueven a los estados.

Seguro que me dejo más cosas en el tintero. Pero bueno, viendo esto podemos darnos cuenta de que, caso que sea cierto que España “paga a terroristas” – y me refiero a los mismos que se refiere Pizarro, porque a los de otro tipo estoy seguro que sí-, no es tan cierto que seamos el único país que lo hacemos, o acaso el ejercito israelí no está pagado por el gobierno de Israel, o la CIA por el estadounidense. Y qué hay de todos esos ejércitos que invaden y ocupan países matando mujeres y niños, ¿no es eso terrorismo? ¿No forman parte de los presupuestos de sus respectivos Estados?

En fin señor Pizarro, gracias por mostrarnos tan claramente que no es para usted terrorismo, tampoco nos ha sorprendido tanto.
[1]http://www.elpais.com/articulo/espana/Pizarro/Somos/unico/pais/paga/terroristas/elpepuesp/20080204elpepunac_1/Tes

martes, 5 de febrero de 2008

Viernes 1 febrero

Y de nuevo en víspera de fin de semana. Además primeros de mes. Los que no estén en paro seguro que se frotarán las manos de satisfacción por recibir hoy la tan esperada nómina. Un soplo de aire fresco para la común maltrecha economía de multitud de familias. Con o sin dinero, una cosa es segura, el fin de semana es uno de los principales momentos para mantener relaciones sexuales. Bien sea entre gente que ya las mantenía o para gente que intentará mantener su primera relación.

Y dándole vueltas a esto leo en El País “La educación sexual es una cuestión de suerte”[1]. La noticia quiere mostrar como en muchos centros no existe nada que tenga que ver con la educación sexual. Ahí es donde realmente se despierta mi indignación.

Para empezar hay que especificar que, obviamente, nos referimos a centros de educación secundaria, donde estudian adolescentes desde los 14 a los 20 años, en realidad los estudiantes de los dos primeros años de la enseñanza secundaria obligatoria tendrían 12 y 13 años, pero me niego a pensar en ellos como adolescentes. Bueno el caso es que se supone que es en la adolescencia cuando las personas entramos por primera vez en contacto –sexualmente hablando- con el sexo opuesto. Algunos centros, asumiendo competencias y responsabilidades recurren a programas exteriores que impartan algún tipo de “educación sexual” a los alumnos. Esto hace pensar. Con respecto al sistema educativo hay mucho que decir, así que tratare de no desviarme demasiado.

En primer lugar, si los docentes, que son los que están en mayor contacto con los alumnos, estiman que es necesaria una educación sexual podríamos plantearnos que tal vez tengan algo de razón, y que es posible que se necesite, por lo cual la autoridad competente debería de incluirlo en el Curriculo oficial. Pero yo voy más allá. ¿Tan bueno es nuestro sistema educativo actual, que la única preocupación es si los centros de secundaria tienen o no educación sexual? Deberíamos reflexionar sobre eso. Particularmente, yo creo que todo lo que tiene que ver con la educación en España y en otros muchos países es una patraña. No soy ni seré el primero que defienda que la educación en manos del poder solo sirve para mantener el poder establecido, eso ya lo han defendido pensadores desde Bakunin hasta Freire. Sin embargo si pienso que hubo un momento en el que eso casi se olvidó y se abogó por un sistema educativo que dio resultados. Fue un sistema que casi enseñaba realmente a pensar, y eso unido a otras muchas circunstancias hizo posible la emergencia de los movimientos sociales críticos que tanto ruido llevan haciendo desde finales del siglo pasado. Pero el poder reacciono a tiempo, y viendo los resultados recordó aquello de que la clave está en la educación. De forma que para evitar daños mayores se plantearon reformas educativas cuyo fin no era otro que eliminar esa capacidad de pensar que casi habían logrado enseñar los sistemas anteriores. En ese marco nos movemos nosotros. En España, cada cambio de gobierno a traído un cambio en las leyes de educación. Eso son tres leyes en 10 años, y curiosamente cada cambio ha hecho incrementar más el fracaso escolar. Después no ha faltado quien ha culpabilizado de este al modo de vida de los jóvenes y su cambio de intereses o a su falta de motivación. Ese argumento es tan falso como absurdo, porque el modo de vida, los intereses o las motivaciones son siempre y serán fruto de la educación, nadie nace queriendo llevar un determinado mudo de vida o con unos intereses u otros, si no que va eligiendo estos conforme la educación que va recibiendo.

Y así la tapadera es perfecta. Ponemos un mediocre sistema educativo que siga las directrices del gobierno de turno, y que obviamente no se va a salir de los intereses capitales –léase capitales en los dos sentidos. De esta manera conseguimos que accediendo a la escuela pública salgan de ella el tipo de perfiles que necesitamos para mantener la estructura social de la que vive el sistema capitalista. En ella distinguiremos, a los estudiantes que superen su formación y pasen a formar parte en su mayoría del sector servicios, o cargos medios en grandes empresas, a los que alcancen suficiente nivel para ser operarios o trabajadores de cualquier otra índole, a los que no terminen sus estudios y tengan que buscar cualquier otra salida en el mercado laboral que mantenga los trabajos basura, y a aquellos que por una causa u otra conozcan el “dinero fácil” y formen parte de esa otra parte tan necesaria de la sociedad capitalista como son los delincuentes de poca monta, es decir, ese tipo de delincuente que puede acabar en la cárcel y que sirve al sistema para tapar a los auténticos criminales. El siguiente paso el alimentar el debate sobre la educación con falsos argumentos, de forma que también sirva de arma electoral, mientras se culpa a ésta de ineficiente o insuficiente para el día de mañana. Por último se promete un nuevo sistema en el que se potencie todo lo que falta para conseguir ese mañana mejor. El problema es que no se especifica para quién será mejor. Yo, por mi parte, creo tener claro cuál es su intención. Hacernos tontos para hacernos felices. Bendita la felicidad del cerdo que vive ignorante de su futuro en el matadero.

sábado, 2 de febrero de 2008

Jueves 31 de enero de 2008

Hoy es un día de esos en los que no me siento “español”. Bueno, en realidad, siempre me he negado a que “español” sea algo más que un simple gentilicio y se torne en categoría. El motivo ha sido el siguiente titular: “Los españoles, preocupados por el terrorismo y la crisis económica”[1] . La noticia se basa en el barómetro sociológico del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) realizado en el mes de diciembre y que se ha hecho público en estos días.

Y con este tipo de encuestas o “estudios” siempre me surge la misma pregunta. ¿Quiénes, diablos, son lo encuestados? Porque la verdad es que rara vez me he reconocido en sus resultados, lo cual no es de extrañar –soy un tipo muy raro-.Pero lo peor de todo es que, entre gente de mi entorno, que si pueden ser consideradas bastante “normales”, los resultados que estos “estudios” ofrecen tampoco parecen adecuarse demasiado a la realidad.

Pero supongamos que la gente se cree a pies juntillas los resultados del CIS, mejor aún, supongamos que los resultados reflejan la realidad. ¿Qué significarían, entonces, éstos? Sencillo, que los “españoles” adolecemos de la capacidad para percibir la problemática real y por ello acudimos a los acontecimientos más recientes para buscar el problema. Por ejemplo, que el terrorismo haya vuelto a ser una de las preocupaciones de los “españoles” se debe sin duda a que el estudio se realizó pocos días después del asesinato de la banda terrorista ETA a dos guardias civiles en Francia. En cuanto a la crisis económica como preocupación seguro que está bastante relacionada con el gasto realizado en las navideñas fechas en que el “estudio” tuvo lugar. Del mismo modo que tras el caso Malaya o Gescartera, la principal preocupación era la corrupción.

Pudiera parecer que el hecho de que “los españoles” estén preocupados cada vez por una cosa distinta es una buena noticia, pero a mí no me lo parece, más bien veo en ello un problema. Porque esta oscilación el las preocupaciones no se dan cuando un problema queda resuelto, si no que el cambio de preocupación deja en suspensión la preocupación anterior, pero esta suspensión no soluciona el problema, si no que lo perpetúa indefinidamente. Además, de algún modo, este continuo variar en las preocupaciones de “los españoles” justifica y legítima que nunca se solucione el problema que las provoca, ya que, en tanto que dejan de ser preocupaciones desaparece también el problema. De esta forma “los “españoles” se mueven siempre en un mismo espectro de preocupaciones que se mueve conforme a las circunstancias de un determinado momento.
Y aún falta algo por tener en cuenta. Las preocupaciones sociales pueden pertenecer a dos niveles distintos. Un primer nivel que tendría que ver con lo que Marx llamó las “condiciones materiales de existencia” y que estaría vinculado con una especie de “egoísmo”. En este nivel las preocupaciones serían aquellas que afectan expresamente al individuo concreto. Son preocupaciones del tipo “no tener trabajo”, “no tener comida”, “tener salud”, etc. El otro nivel tendía un alcance un poco más global y serían aquellas preocupaciones que pueden afectar al conjunto de la sociedad. Son preocupaciones tipo “el paro”, “el terrorismo” o “la crisis financiera”. Un buen observador se daría cuenta en seguida de que, en efecto, el barómetro del CIS, solo aparecen preocupaciones de este segundo tipo. Tal vez sea por eso por lo que yo nunca me sienta reflejado. Porque mis preocupaciones a nivel individual nunca aparecen, y mis preocupaciones a nivel de sociedad son otras distintas a las que generalmente recogen estos resultados. Pero ya he dicho que yo soy raro, y a mi me preocupa que Israel provoque un genocidio en Palestina, que EEUU mantenga una lucha contra el mundo, conspire, ataque e invada a países que no se someten a su imperialismo económico, que el sistema democrático es España este preparado favorecer a los grandes partidos y no a los pequeños, eliminando así la esencia de la democracia. En definitiva, a mi a ese nivel me preocupa que los que se presuponen defensores de las reglas del juego son los primeros en saltárselas, y no solo eso, si no que además no dudan en acusar al resto del mundo, cuando este resto del mundo, al darse cuenta de la hipocresía que dichas reglas suponen, deciden saltárselas también o incluso, en algunos casos, luchar contra ellas
[1] http://www.elpais.com 31/01/08