jueves, 14 de febrero de 2008

Miércoles 13 de febrero de 2008

Días como hoy son el claro ejemplo de que la realidad está plagada de paradojas. Y vuelve a no ser descubrimiento mío. Creo recordar que fue Nietzsche quien afirmó, hace ya más de un siglo, que “la verdad cabalga siempre sobre la paradoja”. Nietzsche no lo decía en el mismo sentido que yo, pero sin duda abrió un camino por el que llegaríamos a la importancia de la interpretación de la realidad.

En ese sentido dos nuevas paradojas recogidas hoy en los titulares de los periódicos me hacen hoy plantearme cómo entender la realidad en que vivo.

La primera paradoja la extraigo del periódico El Mundo en su edición digital, donde se recoge “Bermejo se muda a un piso oficial y gasta en su reforma 250.000 euros”[1]. Sin saber nada más podría pensarse que exagero, que no hay en el titular ninguna paradoja. Pero quienes conocen esos datos seguro que descubren la paradoja con una simple lectura. Resulta que Bermejo es el ministro de justicia del actual Gobierno de España. Resulta que un español medio se las ve y se la promete para hacer frente al gasto que supone la compra de una vivienda. Resulta que por 250.000 euros casi puede adquirirse una vivienda en determinadas zonas de Madrid. Resulta que un alto porcentaje de casas viejas de Madrid necesitan ser rehabilitadas porque son un auténtico peligro para sus inquilinos y no puede hacerse por falta de dinero. Y resulta, además, que a los actuales ministros solo les queda un mes en sus correspondientes cargos. Con todo esto puede verse mejor la paradoja. ¿Le parece justo al ministro de Justicia realizar esa ostentosa muestra de gasto público en una reforma de una vivienda, cuando gran parte de los españoles tienen problemas con este tema? Reconozco que mi problema muchas veces es pecar de ingenuidad socrática y pensar que, por ejemplo, para ser Ministro de Justicia hay que saber lo que es la Justicia del mismo modo como para ser Ministro de Economía se ha de conocer como funciona la economía. Pero parece que no es absolutamente necesario que así sea, al menos en el caso del señor Bermejo, a no ser que su idea de Justicia ande por esos derroteros.

La segunda paradoja está más relacionada con los medios de comunicación. La recoge el siguiente titular de El País: “Cuba desmiente la detención del joven que debatió con Alarcón”[2]. Veamos dónde se encuentra aquí la paradoja. La noticia hace referencia a una supuesta detención de un joven universitario cubano tras un debate que tubo lugar en una universidad cubana entre el presidente del Parlamento cubano y algunos estudiantes. En este debate, al presidente se le hicieron algunas increpaciones sobre el estado de Cuba y de su realidad. Todo el debate esta disponible en la página del periódico Gramma. En este debate, además de esas críticas, los estudiantes se declaraban partidarios de la revolución y atacaban a la campaña mediática de muchos países contra Cuba, declarando que se sentían manipulados por la prensa extranjera. Y de nuevo aquí la paradoja. Porque el propio debate fue victima de la manipulación por parte de muchos medios que solo sacaron las duras críticas de los estudiantes hacían a Alarcón, y fabricaron la noticia de tal modo que pareció que el estudiante más incisivo fue después detenido. Nada más lejos de la realidad como puede verse en el debate integro. Lo que me extraña es que El País publique esta noticia, aunque sea con ese aire de “ellos dicen”. Porque no es la primera vez que este periódico ataca a Cuba, por supuesto con mentiras. Pero esta vez, el rápido contraataque cubano ha puesto en jaque a los medios manipuladores al hacer público todo lo acontecido aquel día, de forma que esta vez, la paradoja se resuelva sobre la verdad.
[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2008/02/13/espana/1202865985.html
[2] http://www,elpais.es 13/02/08

martes, 12 de febrero de 2008

Lunes 11 Febrero

Me encanta la campaña electoral porque siempre deja jugosos titulares que permiten darse cuenta de cual es la idea que los políticos tienen de la política. Hoy leo en el mundo digital “Rajoy propone que se rebaje la edad penal para delitos cometidos por menores”[1] . Esto significa, leyendo entre líneas que, para Rajoy, el problema de la delincuencia juvenil se solucionaría endureciendo las penas. No quiero perder mucho tiempo en rebatir esta posición, solo recalcar, que emplear ese argumento y acabar justificando la pena de muerte solo se llevan un par de pasos. Y todos sabemos que la pena de muerte en EEUU no hace que disminuya la delincuencia, en realidad provoca todo lo contrario, porque aumenta el número de muertes por violencia en tantas unidades como personas mueren en la silla eléctrica. Algunos tenemos claro que más represión no es igual a menos delincuencia.

Además sucede que las características de los jóvenes que delinquen no tienen mucho que ver con las de aquellos que lo hacían en tiempos en la necesidad o la marginación social empujaba a cometer atracos a punta de navaja o pistola. Ahora muchos de los que delinquen son jóvenes de familias “normales” y sus crímenes suelen ser asesinatos, palizas o, efectivamente, atracos, pero se caracterizan por una violencia extrema y salvaje. Y resulta que este tipo de jóvenes, en la mayoría de los casos, han recibido una cierta educación.[2] Quizá la salida no sea una nueva reforma penal que encierre antes a los que delinquen, ya que además las cárceles no cumplen su función de reinserción social en un alto porcentaje, si no que más bien genera una nueva actitud y un nuevo estatus social que no favorece nada dicha reinserción. Por eso siempre he creído que la clave está en la política educativa que un estado propone y en la educación que los niñ@s reciben desde los primeros meses de vida, en la cual tiene un papel primordial el entorno como elemento regulativo que fija la posible escala de valores que más adelante el joven acabará teniendo o no teniendo.

Pero el señor Rajoy ha dejado claro sus intenciones a este respecto. Seguir apostando por el miedo y la represión. Tampoco debe extrañarnos tanto, ya que es la estrategia de moda. La demonización del otro permite actuar e manera preventiva. Lo demostró Bush en su cruzada contra el terrorismo, y lo hace Rajoy con su protesta de reforma de la Ley del menor. Efectivamente, ambos remiten al mismo esquema. Se trata de generar un temor en la sociedad, de despertar sus miedos, para poder así justificar de manera maquiavélica toda actuación. Para Bush fue el terrorismo, para Rajoy es la inseguridad ciudadana y el resultado es el mismo, una falsa medida preventiva que en ambos casos toma forma de castigo.

En el primer caso, pagó todo un país el precio de esta medida preventiva sufriendo una grotesca invasión que todavía dura hoy y que se ha cobrado ya más de un millón de muertos. Por eso podemos decir que la medida no fue válida. En el segundo caso la medida no puede resultar satisfactoria porque no ataca la raíz del problema. Solo pretende imponer penas más duras, y apelar, otra vez, al miedo que los posibles delincuentes puedan tener frente a éstas. Pero esta medida no actúa directamente sobre el entramado social que desemboca en delincuencia. No es realmente preventiva porque no se puede pedir que prevenga, sino más bien que amenaza. Y la amenaza, en tanto que enfrentamiento de fuerzas siempre produce conflicto más bien que los soluciona.
[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2008/02/11/espana/1202732539.html
[2] Cfr Viernes 1 de febrero de 2008

lunes, 11 de febrero de 2008

Viernes 8 de febrero de 2008

Hoy mientras dedicaba algo de tiempo al estudio y la lectura me he parado a pensar cuanto tiempo hace que la Iglesia Católica participa en los asuntos de Gobierno. Y me he dado cuenta de que me tengo que remontar casi hasta los propios orígenes de dicha institución y recorrer un largo trecho de historia que pasa por hermanamientos entre poder civil y eclesiástico, enfrentamientos entre gibelinos y güelfos por dicho poder, y guerras propias de la religión para mantener su hegemonía económica, y guerras en las que en principio la religión no importaba pero la Iglesia siempre acababa metiendo la cabeza.

Con la creación de los Estados modernos parecía que la religión iba a ser, por fin. Relegada al orden de lo privado, y de esta manera dejar de tener una influencia en el devenir de la política, pero no resulto así. Muchos años más tarde, mientras se critican los regímenes “fundamentalistas” islámicos no nos damos de hasta que punto la Iglesia Católica interviene tanto en política como la religión del Corán lo hace en sus países propios.

En los últimos días esto está quedando más patente, sobre todo viendo las manifestaciones que se promueven desde la iglesia, o incluso esa “petición de voto” por parte de los obispos que tanto ha molestado a Zapatero. Pero esta intromisión no es nueva. En España estamos acostumbrados a que la Iglesia Católica se pronuncie sobre cientos de asuntos políticos. Y no solo por parte del Episcopado español, si no por parte de los sucesivos Papas, que actúan como profetas todavía hoy. Esa sea, tal vez, la mayor diferencia entre el catolicismo y el Corán, que los católicos todavía tienen profeta, para dar interpretaciones en función de lo que más interese.

Si realmente la política pertenece a la esfera de lo público, y la religión a la esfera de lo privado, no se entiendo por qué la Iglesia Católica sigue manteniendo ese poder político. España parecía reconocerlo así cuando en su Constitución se declaraba como “Estado laico aconfesional”. Pero la realidad es totalmente distinta. Un verdadero Estado laico y aconfesional sería aquel en el que en ningún momento ninguna religión sería beneficiaria del Estado, dejando de este modo que todo asunto relacionado con la fe estuviera exclusivamente ligado con el ámbito privado de la persona y consiguiendo así una autentica libertad de culto en la que la elección del tipo de religión a seguir sea solo una cuestión personal o, en cualquier caso, fruto de la educación familiar, pero de ningún modo favorecida por el Estado. Y en España esto no es así.

El Estado español ha favorecido descaradamente a la Iglesia Católica y parece que seguirá siendo así por mucho que Zapatero anuncie cambios en su trato con la Iglesia[1].
De momento hay que señalar que el Gobierno de este apologeta del laicismo es el que mas financiación económica ha dado a esta institución. Más, incluso, que el Gobierno de Jose Maria Aznar. Mientras que éste, en el año 2000, financió la Iglesia con 128,1 millones de Euros, Zapatero dio, en el 2006, 144,24 millones de Euros y una reciente revisión a la alza del porcentaje del IRPF entregado por el Gobierno. Si a todo esto le sumamos que, “según el Ministerio de Hacienda la conferencia Episcopal y la Iglesia perciben 150 millones de euros de la dotación de IRPF; 3.200 millones de euros en subvenciones a colegios concertados; 517 millones para sueldos de profesor de religión; 90 millones a organizaciones sociales; 60 millones a hospitales e instituciones de beneficencia; 30 millones a capellanías castrenses en cárceles y cuarteles; 200 millones para el patrimonio inmobiliario y artístico; 60 millones para otras actuaciones en el ámbito urbano. A esto hay que añadir unos 750 millones de euros de ahorro por desembolsos fiscales no realizados. Tenemos que la Iglesia Católica percibe anualmente una suma que ronda los 5000 millones de euros.”[2]

Parece claro, entonces, que, en primer lugar, la Iglesia debiendo pertenecer al ámbito de lo privado sigue siendo costeada con fondos destinados a gasto público; que, esto mismo, hace que la Iglesia Católica salga beneficiada frente a otro tipo de religiones, llevando a contradicción eso de que estamos en un estado laico y aconfesional; que, esa misma Iglesia, sigue usando su influencia para interferir en la vida política según sus propios intereses; y que todo enfrentamiento entre el actual gobierno y dicha institución no es más que un paripé y un circo mediático para que cada uno de los implicados se refuerce de cara a sus seguidores.
[1] http://www.elimparcial.es/contenido/2813.html
[2] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62946
Jueves 7 de febrero de 2008.

Hoy voy a empezar sin tapujos. Y lo voy a hacer de la mano de unas declaraciones del responsable de economía y empleo del PP Arias Cañete, en las que declaraba que “La mano de obra inmigrante no es cualificada. Ya no hay camareros como los de antes.”[1]
En primer lugar, me pregunto si cuando se dice “la mano de obra inmigrante”, el señor Arias Cañete se refiere a la mano de obra inmigrante en general, es decir, a la de todos aquellos que por necesidad salen de su país, dejando en él a su familia y su historia, entre los cuales estuvieron, no hace mucho cientos de españoles, o se refiere a la mano de obra inmigrante que se está dando ahora concretamente en España. Todo hace pensar que, obviamente, no se refiere a la primera, si no más bien a la segunda.

Todavía me aborda otra duda. Cuando Arias Cañete se refiere a esa mano de obra inmigrante que se esta dando aquí y ahora en España, ¿se refiere a todos los inmigrantes que desempeñan un puesto de trabajo en España? Me da en la nariz que la respuesta es no. Y no por aquello de que no se puede generalizar, si no porque Arias Cañete se refiere a una inmigración muy concreta que ocupa unos puestos muy específicos.

Arias Cañete no se refería en su afirmación a, por ejemplo, la enorme cantidad de futbolistas extranjeros que militan en equipos de fútbol españoles. No, y eso que estos señores también serían “mano de obra inmigrante”, pero una mano de obra extremadamente cualificada a tenor de los sueldos que reciben y el prestigio que poseen, prestigio que se eleva hasta tal punto que a cualquiera de los que asegura que la inmigración es un problema no le importaría que esta otra clase de inmigrantes siguiera llegando. Pero no, Arias Cañete se refiere a otro tipo de inmigrante, y por supuesto a otro tipo de empleo. No es baladí que el ejemplo que Arias Cañete tome sea el de camarero. El empleo de camarero representa, junto al de personal domestico, el paradigma de la servidumbre. El paradigma de aquellos puestos donde se genera mayor plusvalía. La plusvalía según Marx era aquello que surgía de la diferencia entre el valor de cambio que el propietario de los medios de producción daba al obrero por su fuerza de trabajo, y el valor de cambio que tenía realmente el producto realizado con dicha fuerza de trabajo. Pues bien, esta plusvalía era cuantificable en la medida en que se creaba un objeto, se obtenía un producto, pero en los trabajos del tipo como el de camarero, no se genera un producto, o más bien, el producto es un servicio en el más estricto sentido de la palabra. Se trata de un puesto en el que la voluntad se somete a la orden del cliente. La fuerza de trabajo no produce un objeto material y cuantificable y en este sentido, se hace imposible calcular la plusvalía, no porque no exista, si no porque no tiene referente. Por todo ello, este tipo de puesto tiene una connotación social y un significado específico. La de aquel trabajo en el cual al no haber propiamente producto, la fuerza de trabajo empleada es menos valorada, de modo que cualquiera puede hacerlo. Y según Arias Cañete, los inmigrantes no lo saben hacer, es decir, los inmigrantes no son “cualquiera” no entran dentro de la misma categoría que todos aquellos a los que consideramos cualquiera. Son otra cosa. “Ya no hay camareros como los de antes”, no es una apelación a la profesionalidad de los camareros, si no a que “cualquiera” pueda ser un camarero. Obviamente, Arias Cañete maneja ese concepto por el que “cualquiera” nunca podrá ser un inmigrante. Seguramente porque el piense, más por la línea de Democracia Nacional, que esa “escoria venida de tierras lejanas”[2] solo es capaz de generar violencia, delincuencia y otras cosas de ese estilo que “cualquiera” no haría.

Por otra parte y viendo como funciona el asunto en España, deberíamos pensar, más bien, que esa ineficacia de la que habla Arias Cañete no es patrimonio de la mano de obra inmigrante, si no de otro tipo de personas que demuestran su inoperancia con declaraciones de esa guisa.
[1] http://www.elpais.com “Arias Cañete cuestiona la eficacia en el trabajo de los inmigrantes. 07/02/08
[2] Cfr Sábado 19 de enero 2008

viernes, 8 de febrero de 2008

Miércoles 6 de febrero de 2008.

Y más de vivienda. Si ayer hablábamos de la compra, hoy toca el alquiler. Resulta que la subida del precio de las viviendas y la dificultad que, sobre todo los jóvenes, teníamos, y todavía tenemos, para independizarnos despertó la idea, de que la solución podría estar, como en otros países de Europa, en el alquiler. Pese a que mucha gente era reacia al alquiler opto por este como la única medida posible para poder tener un “pedacito de intimidad”. Pero el mercado, salvaje y voraz no tardo en aumentar el precio de los alquileres tanto en función de la demanda como en función de las subidas del precio del suelo. De esta forma se paso a pagar por ciertos alquileres casi la misma cuota que por ciertas hipotecas, de forma que no era de extrañar que la gente volviese a ver en la compra la mejor opción.

Los distintos gobiernos seguían pensando que el alquiler podría ser una buena solución así que dedicaron parte del suelo en el que se construía vivienda protegida a vivienda de alquiler con distintas modalidades. Ni que decir tiene, que cada vez que algún ayuntamiento saca una promoción de vivienda protegida, ya sea para compra o para alquiler, se “agotan las existencias”. El éxito, obviamente, no está en el alquiler, si no en el precio.

No hay que ser muy lumbreras para darse cuenta de que para que compense un alquiler, el precio tiene que, en primer lugar, ser asequible al bolsillo del arrendatario, y en segundo lugar estar tan por debajo de una hipoteca como para que pasado el tiempo en que se vaya a abandonar la vivienda la suma total pagada siga siendo menor que la que se habría pagado comprándola. Y ahora, siendo realista al considerar el sueldo de una persona cualquiera en un trabajo “normal”, y haciendo los cálculos pertinentes, resulta que un alquiler que reuniese esas características debería oscilar entre los 300 o 500 euros. Pues eso, quien encuentre uno así que me no dude en avisarme. Siguiendo en esta línea realista diré que me ha sido imposible encontrar un alquiler que esté por debajo de los 600 euros y de estos más bien pocos. La media del alquiler se sitúa entre los 700 y 900 euros, que obviamente es mucho más de lo que habíamos calculado.

Y en estas apareció el Gobierno de J.L.R. Zapatero y nos vende una medida, que en principio podría resultar maravillosa para los que opten por el alquiler. Es la Renta Básica de Emancipación, es algo así como una ayuda a jóvenes hasta los 30 años según la cuál recibirán 200 euros al mes para pagar el alquiler, además de otro tipo de ayudas como avales y demás. En principio puede parecer una buena idea, pero si nos ponemos a pensarla, nos damos cuenta de que es terriblemente injusta, primero porque, hemos de reconocer que no solo los jóvenes con menos de treinta años la necesitan, ¿y los de treinta y uno, o treinta y dos, o que diablos, los de cualquier edad? Y en segundo lugar, porque en realidad los beneficiarios son los de siempre, los dueños de la vivienda en alquiler, que aprovechando las circunstancias tendrán una nueva excusa para subir los alquileres, tanto a los que reciban ayuda, como a los que no.

De cualquier manera, no es de extrañar que más de mil jóvenes al día soliciten la Renta Básica de Emancipación[1], pues toda ayuda es poca, lo que me parece más casualidad es que las ayudas empiecen a entregarse en fechas tan próximas a las elecciones generales.
[1] http://www.publico.es/045173/primeras/ayudas/alquiler/jovenes/recibiran/15/dias

jueves, 7 de febrero de 2008

Martes 5 de febrero de 2008

Llevamos varios días en que se escucha por todas partes lo catastrófica que es la crisis financiera, lo mucho que están subiendo los productos más básicos de la cesta de la compra y lo difícil que está siendo para muchas familias afrontar la temida hipoteca.

El tema de la crisis es de risa, porque mientras que la mayoría de nosotros la sufrimos desde hace tiempo, para el gobierno, la oposición y la banca resulta que es algo de ahora.
Me resulta gracioso – porque no se me ocurre otra palabra- escuchar como según algunos, parece que las cosas van mal desde hace solo unos meses, cuando en realidad es algo que se estaba gestando desde hace muchísimo más tiempo. No es desde hace tres meses que las familias viven endeudadas, no es desde hace tres meses, que las familias tiene que pedir créditos al banco, y no es desde hace tres meses que muchas familias no pueden pagar las hipotecas. Hace más tiempo de eso, casi tanto tiempo como el que hace que aparecieron las empresas de créditos rápidos o las reunificadotas de pagos.

Fue el gran auge del ladrillo, la subida de la vivienda a precios desorbitados, la que dio comienzo a este ciclo, y es por tanto su “recesión” la que le pone un trágico fin. En aquel momento, viendo lo rápido que subía la vivienda mucha gente se decidió a comprar, algunos previendo un gran negocio en la especulación, otros por miedo a que subiera tanto que fuese imposible conseguir una. Sea como fuere, los que no tenían dinero pero querían adquirir una vivienda, aunque fuese a precios prohibitivos tuvieron que “hipotecar” literalmente su vida. Y digo su vida, porque mientras que en otros tiempos tenías que dedicar a lo máximo 20 o 25 para terminar de pagar un piso, ahora, y ya en aquel momento, tenías casi duplicar este periodo de tiempo. Pero ni siquiera esto echo para atrás a los valientes que, decididos a apretarse el cinturón, ponían todo su empeño en conseguir que los bancos le hicieran el favor de concederle la hipoteca. Como todos sabemos, “la banca nunca pierde” y pensando en los beneficios que podían sacarse con tantas hipotecas o en el peor de los casos el patrimonio que se ganaría al hacerse con los inmuebles caso de impago de dichas hipotecas, la banca comenzó a frotarse las manos con un período de notable crecimiento y algunos “grandes visionarios” comenzaron a abrir inmobiliarias llamados por el olor del dinero.

Pero tenía que llegar el fin, tenía que “explotar la burbuja” –como suele decirse-. Muchas hipotecas están dejando de pagarse, y son tantas que los bancos empiezan a preocuparse y dejan de conceder nuevas hipotecas, o al menos lo ponen más difícil. Esta dificultad se traslada al mercado inmobiliario, ya que sin hipoteca muy poca gente puede comprar una casa, de forma que la venta disminuye. Eso se traduce en una disminución de la demanda, no precisamente porque se deje de necesitar una vivienda, si no por su imposibilidad para acceder a ella. De forma que si no hay venta no hay negocio, o eso quieren hacernos creer cuando publican “La crisis se lleva por delante el 40% de las oficinas inmobiliarias”[1]. Sin embargo, me da la sensación de que el negocio de la especulación inmobiliaria sigue funcionando, sobre todo cuando me entero de la mega operación urbanística que se quiere hacer en Los Monegros, o de que el AVE que une Madrid con Guadalajara no parará en Guadalajara capital, sino en un pueblo que está a diez minutos en coche y en el que gente vinculada al PP tiene terreno que recalificará a muy buen precio, o que España es el país de Europa que mas viviendas tiene sin “usar”.
[1] http://www.elpais.com 05/02/08

miércoles, 6 de febrero de 2008

Lunes 4 febrero de 2008.

En el día de hoy me ha pesado bastante la actividad del fin de semana. Tanto, que casi pensaba no escribir nada continuando así con la habitual pereza que me entra los sábados y domingos. Pero he echado un vistazo rápido a los periódicos y en casi todos ellos me he encontrado con una misma noticia. En ella se recogen unas declaraciones de Manuel Pizarro, el número dos en las listas del PP al congreso, en las que afirma que “Somos el único país que paga a los terroristas”[1]. No hace falta explicar que el señor Pizarro se refería los concejales y alcaldes de ANV y PCTV y a la caja común que estos partidos tienen compartida con Batasuna.

Dejando a un lado que todavía no esta demostrado que estos partidos estén relacionados con la banda terrorista -ya que no toda la izquierda vasca es terrorista-, Pizarro demuestra con estas declaraciones lo poco que conoce de historia, de política internacional y de terrorismo. O, a lo mejor, cuál es su interpretación de qué sea terrorismo. Así como repaso rápido se me ocurre pensar, por ejemplo, en como Estados Unidos financió a la guerrilla afgana que luego se convertiría en el máximo representante del terrorismo islamista. Pero para aquellos que piensen que eso es solo historia y que hablamos de alfo pasado, pues hay más. El ejercito israelí atenta todo los días contra el pueblo palestino haciendo caso omiso de las resoluciones de la ONU. La CIA, además de haber planeado más de un magnicidio frustrado, atenta contra los derechos humanos de sus prisioneros en sus bases o en vuelos secretos que se saltan la legalidad. El ejercito estadounidense y sus aliados mantienen ocupado Irak. Las grandes empresas de ciertos países contratan a mercenarios con nombre de empresas de seguridad privada para garantizar, con extrema violencia y licencia para matar, la seguridad de sus infraestructuras. En el Congo los niños se ven envueltos en guerras financiadas por estas mismas empresas o por los mismos intereses económicos ocultos que mueven a los estados.

Seguro que me dejo más cosas en el tintero. Pero bueno, viendo esto podemos darnos cuenta de que, caso que sea cierto que España “paga a terroristas” – y me refiero a los mismos que se refiere Pizarro, porque a los de otro tipo estoy seguro que sí-, no es tan cierto que seamos el único país que lo hacemos, o acaso el ejercito israelí no está pagado por el gobierno de Israel, o la CIA por el estadounidense. Y qué hay de todos esos ejércitos que invaden y ocupan países matando mujeres y niños, ¿no es eso terrorismo? ¿No forman parte de los presupuestos de sus respectivos Estados?

En fin señor Pizarro, gracias por mostrarnos tan claramente que no es para usted terrorismo, tampoco nos ha sorprendido tanto.
[1]http://www.elpais.com/articulo/espana/Pizarro/Somos/unico/pais/paga/terroristas/elpepuesp/20080204elpepunac_1/Tes