Sábado 19 de enero de 2008.
Hoy me he despertado con curiosidad por que me depararía el fin de semana. Y quién me iba a decir a mí que iba a acabar planteándome una cuestión sobre la Justicia. No, no. No me refiero a la Justicia universal y con mayúsculas que tanto preocupaba a Platón, si no a nuestra justicia, a nuestro sistema judicial. Me llama tremendamente la atención la hipocresía de éste cuando veo cosas como a la que ahora me voy a referir.
Durante un tiempo se ha estado pidiendo al Gobierno que instara la ilegalización a ANV por apología del terrorismo y de la violencia, y ahora en plena campaña se ha hecho. Pero mientras esto ocurre nos llega la noticia de que tribunal Superior autoriza una manifestación en Madrid, convocada por un grupo político que no quiero ni nombrar, en cuya nota de convocatoria se puede leer “contra la escoria venida de tierras lejanas”[1]. El gobierno, tratando de salvar la cara coherentemente con su autobombo de un Madrid para todos había prohibido hace unos días esta manifestación por ser de un claro corte racista. Pero el Tribunal Superior no lo debe de creer así, es más debe de pensar que incitar a la violencia en solo patrimonio de ciertos partidos y no de otro, por qué ¿Quién iba a creer que una manifestación “contra la escoria venida de tierras lejanas” es incitación a la violencia? Claro que la violencia se tiene contra las mujeres, contra los niños, incluso contra los animales, pero no contra “esa escoria venida de tierras lejanas”, precisamente, porque no se incluyen en el conjunto de iguales.
Pero curiosamente esto de los iguales no deja de ser pura conveniencia. Los ayuntamientos abren campaña de empadronamiento (impuestos) las empresas contratan con o sin papeles porque les resulta mas económico y crean menos problemas, sus muertes son más baratas. En este sentido recoge el Mundo digital una noticia en la que nos dice que la muerte por accidente laboral se redujo en el año 2007 a 1104. Y lo presenta como un triunfo. Desconozco el porque de este triunfalismo aunque se me ocurre porque puede ser. Posiblemente porque la mayoría de los que han muerto no lo han hecho en un banco o en una junta directiva, si no en trabajos con condiciones precarias de seguridad, y obviamente, con el razonamiento de los señores del mundo ese tipo de puestos solo lo pueden desempeñar un tipo muy concreto trabajadores, en su mayor parte formado por la misma “escoria venida de tierras lejanas” de la que los lumbreras de Democracia Nacional –vaya se me escapo el nombre del partido- hablaban en su nota de convocatoria. Y siendo así, y pensando en la cantidad de cayucos o aviones con inmigrantes que llegan a España, la diferencia resultante entre los que mueren y los que pueden seguir trabajando para mantener nuestro sistema todavía es grande. En fin, que pensando, pensando resulta que el Tribunal Supremo, Democracia Nacional y El Mundo no se diferencian tanto entre sí como a primera vista pudiera parecer.
[1] http://www.elpais.com 19-01-2008
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